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La literatura celta 2

Tras la breve introducción histórica del artículo anterior, ya estás en disposición de conocer los orígenes de la literatura celta. Aquí, analizaré las pistas que has encontrado, además de desarrollar la más importante de todas ellas. ¿Qué cuál es? Joder, lee el título, que para eso tiene una tipografía grande.

Orígenes de la literatura celta: la literatura indoeuropea

En «Para qué sirve un libro», te explicaba cómo la escritura permitió el registro de la tradición oral. Aun así, los pueblos antiguos preferían «ver» a leer, de modo que los contadores de historias —equivalentes a Netflix— proporcionaban educación y entretenimiento a la gente con historias sobre sus orígenes, sus logros y otros aspectos culturales que cohesionaban la identificación nacional y religiosa entre los distintos estratos sociales.

Obviamente, los pueblos indoeuropeos seguían este patrón. Es más; basta con echar un vistazo a las literaturas mediterráneas, mesopotámicas e indoiranias para descubrir no solo una teogonía y una cosmogonía similar, sino también dos coincidencias cruciales en el estilo (poesía) y la temática (épica).

En vista de que los celtas poseen el mismo origen ancestral que los pueblos de las tres regiones mencionadas, podemos deducir que el contenido de su literatura empleaba los mismos elementos. Eso sí, adaptado a la idiosincrasia y cultura de sus habitantes.

Claro, esto tengo que demostrarlo. Bueno, pues aquí es donde entra en acción la información recopilada por los historiadores clásicos, porque narran un comportamiento peculiar antes del inicio de una batalla que, en la actualidad, mantienen los aficionados al fútbol.

«Aaron Cresswell’s magic, he wears a magic hat, he used to play for Ipswich, he didn’t fancy that, he wants to play with Tomkins and ginger Pele too, his name is Aaron Cresswell, he wears the Claret and Blue».

Canción de los hinchas del West Ham United.

La siniestra sintonía de la guerra

En efecto; los poetas celtas entonaban poemas con el nombre de alguno de sus héroes para que su espíritu llenase de valor a los soldados al mismo tiempo que estos infundían pavor infernal a sus contrincantes mediante la mezcla de sus alaridos con el terrorífico, por desconocido, sonido del cárnix.

«Pero, cuando el sonido de la guerra sopla en nuestros oídos, entonces, imitamos la acción del tigre; tensad los tendones, juntad la sangre […], dadle al ojo un aspecto terrible».

Enrique V, acto III,escena I, William Shakespeare.

Si bien alguna de estas composiciones tenía un origen popular, la verdadera labor creativa correspondía a los bardos. Estos profesionales líricos, a diferencia de Asurancetúrix, gozaban de buena reputación, aparte de un envidiable respeto por su poder motivacional.

«Adelante, adelante, los más nobles entre los ingleses, cuya sangre proviene de padres curtidos en la guerra; padres que, como tantos otros Alejandros, han luchado en estas partes desde la mañana hasta el anochecer, y solo envainaron sus espadas cuando terminó la disputa. No deshonréis a vuestras madres; ¡demostrad ahora que sois hijos de vuestros padres!».

Enrique V, acto III,escena I, William Shakespeare.

Con todo, los bardos no eran los únicos artistas de la palabra. Tampoco, los más relevantes. De hecho, formaban parte de un equipo de oradores donde cada integrante cumplía unas funciones determinadas. Una de ellas, como acabas de ver, consistía en arengar a las tropas en el campo de batalla. Empero, esto no es más que una rama dentro del árbol de los orígenes de la literatura celta.

Los poetas celtas

Tú, habitante de esta época, imploras a san Google o a santa Wikipedia que resuelva cualquier duda que tengas. Aunque sepas que es poco fiable la respuesta que obtengas.

Es más, posiblemente tampoco la entiendas, debido a una mala redacción o a esas traducciones horrendas.

Los celtas, en cambio, contaban con un ejército de poetas, versados en la rima y la excelencia métrica. Lo que decían, nadie discutía, pues toda la sabiduría en ellos residía.

Aun así, la lírica tenía su propia jerarquía, encabezada por aquellos cuyo nombre nadie olvida; los MCs del pasado: los druidas.

Después, aparecen los bardos, que recorrían los reinos, entonando sus cantos. Pero, guarda cuidado, ya que este nombre engloba otros cuantos.

Por último, estaban los vates; de los druidas, secuaces; profetas veraces y capaces de realizar sacrificios voraces.

De cada uno de ellos te hablaré en la siguiente parte. Eso sí, lo haré en prosa, no sea que la rima te harte.

Los druidas, más nemorosos que ominosos

Etimológicamente, «druida» deriva de las raíces indoeuropea deru- (‘firme, sólido’; se aplicaba a la madera y a los árboles [«dendrografía»], de ahí, «duro») y weid- (‘percibir, comprender’ [«ver», «wissen»: ‘saber’, en alemán]). Por lo tanto, su nombre significa algo parecido a ‘los que contemplan los árboles’.

Dentro de la sociedad celta, constituyen el summum de la clase intelectual. Su palabra, literalmente, era la ley, ya que su misión protectora de la sabiduría determinaba que esta se transmitiese únicamente de forma oral, probablemente para asegurar su posición en la élite. Así que, si quieres convertirte en druida, más te vale gozar de una excelente memoria y no tener prisa, ya que la formación «universitaria» duraba dos décadas largas.

«Estúpidos elfos oscuros. La Tierra es para los druidas».

Hunted, Kevin Hearne.

Debido a su prohibición sobre la escritura (lee luego el anexo del final), carecemos de obras celtas originales. Empero, no de literatura. Como guardianes del conocimiento del pueblo, los druidas proporcionaron un universo histórico, legal, religioso, ético y científico a sus gentes. De esta forma, no solo transmitían, sino que poseían la disciplina fundamental para cualquier contador de historias: la documentación.

Gracias a esto, la literatura celta disponía de un contexto ideológico bien establecido junto con varios elementos fijos mediante los que conferir identidad propia a sus historias dentro del armazón característico de la literatura indoeuropea.

No obstante, la especialidad druídica abarcaba temas superiores, por lo que rara vez intervenían en lo mundano. Para esos asuntos, contaban con otra autoridad oral dentro de su jerarquía.

Los bardos, embajadores de la palabra

Según la mitología bretona, la muerte (Ankou) transita por los caminos en un carro tirado por dos caballos: Anken (el dolor) y Ankoun (el olvido). Los bardos, en cambio, recorrían los reinos para ofrecer diversión y recuerdo con sus historias. En otras palabras, su nombre se asociaba a la vida.

En general, los monarcas los contrataban o los tenían a su servicio para que cantasen las glorias de su tribu entre la población local y por otros pueblos. No en vano, la raíz indoeuropea *gwere (‘alabar en voz alta’) es el origen de «bardo», al igual que de «gracias» y «agradar». Con todo, el trabajo de un bardo no se reducía a servir de crítico literario pagado por una editorial con el fin de promocionar su catálogo.

Por un lado, como has leído al principio, potenciaban el estado psicológico de los guerreros. Pero, por otro, amenizaban los banquetes con esas historias que narraban tañendo una lira, a veces acompañada de un calcofón y de crótalos a modo de efectos especiales.

Como la escritura estaba vetada, los bardos recurrían a la rima y a la métrica para recordar las piezas. Estos recursos los aplicaban en partes concretas o en el clímax de su narración y, así, cautivar el oído de la audiencia. No obstante, de esta técnica poética hablaré más tarde, porque antes descubrirás algo más importante.

Si los druidas contemplaban los árboles, los bardos hacían lo propio con su entorno. Luego, modificaban sus poemas con elementos locales en función de donde se hallasen para agradar a sus oyentes y lograr una mayor identificación por su parte.

En consecuencia, crearon diferentes versiones de la misma historia, pero también celtificaron alguna que otra narrativa foránea popular, como verás en el artículo sobre la literatura celta en España.

Los vates, la voz oscura de los druidas

Toda cabeza requiere de unas manos que ejecuten su plan. En el caso de los druidas, se trataba de los vates, cuyo rol consistía en emitir vaticinios y ayudar a los druidas durante las ceremonias religiosas.

Su nombre procede de la raíz indoeuropea *wat-, que significa ‘soplar, estar espiritualmente emocionado’. Es decir, que «vate» significa ‘adivino’. Como curiosidad, también nos ha dejado el verbo «respirar» en alemán (atmen), «vapor» ([v]atmos; de donde viene «atmósfera») y «Vaticano» (‘el poblado del adivino´).

«Se eleva en el campo de batalla con coraza y capa rojas. Al otro lado de la siniestra rueda del carro, el Hombre Retorcido reparte muerte… Destruirá ejércitos enteros y hará una densa masacre. Cederéis las cabezas por miles. Yo soy Fedelm. No oculto nada».

Táin Bó Cuailnge

Fedelm es la vate que protagoniza esta cita del Ciclo del Ulster —perteneciente a la mitología irlandesa—, aunque debería llamarla banfhili (‘mujer poeta’, en gaélico), en realidad. Y, ahora, tengo que explicarte algo.

Si bien los romanos eran tolerantes con las religiones extranjeras, no veían con buenos ojos los sacrificios humanos que ordenaban los druidas. O, quizá, su influencia intelectual contradijera los principios de la romanización. Ya fueran motivos teológicos o políticos, el caso es que los druidas sufrieron persecuciones. Luego, claro, llegó el cristianismo, que les puso e impuso la cruz.

De este modo, los druidas desaparecieron mientras que los vates y los bardos se fusionaron en diversos nombres. Por ejemplo, en Gales se llamaban cyfarwydd y en Irlanda y en Escocja, fili, cuyo «jefe» supremo era el ollam.

Poco a poco, el espíritu vate-druídico permanecería en los bosques con los brujos y brujas (profetas, augures y médicos), pero los bardos se convirtieron en cortesanos. Desde entonces, los conoces como trovadores, juglares y bufones.

Características de la literatura celta

A riesgo de repetirme, nadie sabe cómo era la literatura celta en la Edad de Hierro. Sin embargo, a través de referencias externas, disponemos de cierta información útil al respecto. Esto ya lo has leído en el apartado de los bardos, donde te mostraba que empleaban la métrica y la rima como elementos mnemotécnicos, pero, también, a modo de recursos del directo para encandilar al público.

Si aplicamos el «criterio literario indoeuropeo», la lógica indica que los celtas empleaban versos heptasílabos y octosílabos. Del mismo modo, la glosa y la prosa alternarían sus funciones durante el canto, quizá con mayor protagonismo de la segunda.

De hecho, es posible que la magia de la narrativa no proviniera de la rima, sino de una figura retórica muy apreciada en la literatura centroeuropea y de más arriba: la aliteración. Es más; apostaría a que los griegos los llamaron «bárbaros» debido a este recurso. Empero, esto es solo una opinión personal.

«O Tite tute Tati tibi tanta tyranne tulisti» (¡Oh, Tito Tácito! Tú mismo te produjiste tan terribles desgracias).

Retórica a Herenio, Anónimo.

El misterio de la literatura celta se desvela en el siglo VI de nuestra era, cuando aparecen los primeros poemas escritos en las islas británicas. Con todo, no olvides que corresponden a obras de principios de la Alta Edad Media. Por lo tanto, asume que su composición haya variado bastante desde la expansión de La Tène.

Una vez disponible la tan ansiada referencia visual, vemos que existe una gran similitud estructural entre la literatura celta con la germánica y nórdica. ¿Casualidad? En absoluto; las fronteras entre los tres pueblos no te creas que estaban muy bien delimitadas.

Ya te contaré más cosas sobre esta relación en el siguiente artículo. De momento, veamos qué elementos caracterizan a la poesía celta.

Elementos técnicos de la literatura celta

Si bien la métrica varió y variaría con el paso del tiempo, se observa la predominancia del verso partido: un hemistiquio ascendente y otro descendente, separados por una cesura y enlazados entre sí por la aliteración.

Esta estructura coincide con la poesía germánica, lo que implica que o bien los vates (poetas germánicos, diferentes a los vates celtas) aprendieron este sistema de los celtas europeos o que los celtas británicos adaptaron sus obras a este estilo tras la invasión sajona.

Lo mismo sucede con la aliteración. En el caso de la celta, repite dos sonidos de consonante y varía el de las vocales. Por ejemplo, en lugar de decir «una hermosa joya ha hurtado el ladrón», un bardo cantaría «cuqui rubí caco robó».

No obstante, la mayor aportación literaria de los celtas consiste en la rima. Es más, se supone que fueron sus inventores o, cuanto menos, quienes más tiempo dedicaron a su desarrollo. Y esto incluye a la rima final, a la rima interna y a la rítmica de la aliteración.

Una de las estructuras poéticas más conocidas se llama dán díreach (siglo XIII), que cuenta con los siguientes elementos técnicos:

  • Cuartetos (rann) divididos en dos partes (leathrann).
  • El sonido con el que empieza el poema aparece al final del mismo (dúnagh).
  • Emplea cualquier rima posible: amus (‘asonante’), uaithne (‘consonante’) y uaim (‘aliteración’).
  • La rima puede ser final, interna o aicill (la última palabra acentuada de una línea rima con la penúltima palabra no acentuada de la siguiente).
  • Las consonantes al final de palabra riman entre sí por la siguiente coincidencia fonética: (b, g, d), (c,p,t), (ch, ph, th), (bh, gh, dh, l, mh, n, r), (s).
  • La última palabra de la última línea hace aliteración con la anterior palabra acentuada.

¿Qué han hecho los celtas por nosotros con su estructura literaria?

Uy, que me olvidaba de dos cosas. La primera, que las historias empezaban con un prefacio en prosa. Y que, debido a las exigencias estilísticas de la narrativa, la otra figura retórica característica —que también emplea la literatura nórdica— es el kenning: nombrar a un elemento mediante circunloquios de proximidad. Por ejemplo, «el campo de la ballena» en lugar de «mar».

Dicho esto, prosigo. En el apartado sobre los bardos, te he contado que acompañaban su narrativa con instrumentos musicales. Esto no es nada novedoso; se trataba de una actividad habitual entre los pueblos antiguos. De hecho, la lira que tañían provenía del Levante mediterráneo.

Sin embargo, también has leído que recurrían a la métrica y a la rima (final, interna y aliteraciones) como sistema de aprendizaje debido al veto a la escritura. Esto confirió un tono característico a sus composiciones, dando lugar a piezas de alta riqueza melódica.

La estructura musical celta se cimentaba en las escalas pentatónicas, porque se ajustaban muy bien a su métrica narrativa, aparte de ser las más populares en el continente. Con el tiempo, la narrativa prescindió de la prosa y redujo su longitud para quedarse con versos más cortos y rimados. O sea, canciones.

De este modo, nace la música folclórica celta, que derivará hacia otros estilos como las canciones tradicionales, el blues, el jazz, el rock, el pop o el heavy metal. Ojo, la música africana (entre otras) usaba la escala pentatónica igualmente, pero la combinación entre melodía rimada con métrica determinada y las escalas pentatónicas proviene de los celtas.

Ahora, piensa en cuánto inglés has aprendido memorizando letras de tus artistas favoritos o esos estribillos que se pegan a tu cerebro y te torturan con su tarareo infinito. Agradéceselo a los bardos por haber inventado ese sistema.

Anexo final para matizar adecuadamente asuntos druídicos

La jerarquía «druida-bardo-vate» procede de Estrabón. Existe otra, en cambio, donde la palabra «druida» no se menciona por ningún lado: vacerri (vates), bardi (bardos), cubages (augures), semnothei (sacerdotes, posiblemente los druidas) y saronidae (jueces e instructores juveniles).

No obstante, «druida» se ha quedado como el término más apropiado para definir a esta clase social que, como dice Diógenes Laercio, equivale a los filósofos griegos, a los magos persas, a los gimnosofistas hindúes (para nosotros, yoguis) o a los caldeos asirios.

Tampoco es cierto que los druidas carecieran de un sistema de escritura. Es más, utilizaban dos: el griego, para la contabilidad, y un alfabeto llamado Ogham. Lo único es que era secreto. Afortunadamente, tú, quien me lees y has llegado hasta aquí, recibirás ahora su conocimiento.

El alfabeto Ogham proviene de los nombres de los árboles celtas. Se supone que, en su origen, los druidas empleaban sus hojas como letras hasta que las reemplazaron por símbolos (runas) que grababan en madera y rocas.

Por desgracia, resultó poco efectivo a causa de dos motivos: solo lo conocían los druidas y no permitía elaborar mensajes largos ni descriptivos. Talla cien palabras sobre una roca o un leño y comprenderás a lo que me refiero.

Finalmente, a pesar de que los druidas desaparecieran tras la conquista romana de Britania, la tradición literaria celta perduró en las islas con sus poetas. Que no te sorprenda, pues, la influencia y calidad de la cultura musical británica. Tiene más de dos milenios de experiencia acumulada. Así que, el Nobel a Bob Dylan (yo se lo hubiera dado a Nick Cave) no es ninguna polémica, sino un merecido reconocimiento a los siglos de labor literaria por parte de los poetas celtas.

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