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Quienes escribimos novela, tenemos un pequeño altar donde colocamos a nuestros autores de cabecera. El mío lo preside alguien que, recientemente, ha copado la atención mediática por el mismo motivo de hace ya más de treinta años. Como veo que la información acerca de él escasea en profundidad, pero abunda en polémica sensacionalista, he decidido rendir mi propio homenaje reivindicativo a la figura y el trabajo de Salman Rushdie: cuando la pluma es más fuerte que la fatwa (Primera parte).

Espero que, al término de esta lectura, conozcas mejor a uno de los excelsos letraheridos (nunca mejor dicho) del siglo XX y XXI, un genio con cara de jinn cuya fama, infaustamente, no procede de su talento, sino de una sentencia de muerte.

Integración contra integrismo

Este artículo comienza en la España del siglo XII, durante las discusiones teológicas del islam entre Al-Ghazali y Averroes , quienes debaten el ocasionalismo ash’ari frente a la filosofía de Aristóteles. Es decir, el determinismo religioso que acepta la palabra sagrada sin cuestionarla frente al razonamiento demostrativo que la cuestiona para aceptarla.

De ahí, avanza hasta la India del siglo XX, todavía bajo el dominio del Imperio británico, donde el hijo de un magnate textil de Delhi hereda la fortuna de su padre. Se llama Anis Delhavi y, pese a formar parte de la comunidad musulmana, se define como ateo.

Aun así, respeta la honestidad histórica del islam —las demás religiones mayoritarias emplean escritos y documentos muy posteriores a su aparición—, lo cual no le impide disputar determinadas afirmaciones e interpretaciones sobre el significado de los textos del Corán.

Obviamente, este hombre sigue la línea de pensamiento de Averroes. Tanto, que cambia su nombre por el del filósofo musulmán. Empero, no con su versión latinizada, sino la árabe: Ibn Rušd, y se le conocerá desde entonces como Anis Rushdie; el padre de Salman.

«Al menos […] voy a esta batalla portando el nombre correcto».

Salman Rushdie.

Oriente y Occidente

Salman Rushdie nació en Bombay, el 19 de junio de 1947. Ocho semanas después, la India celebró su independencia (15 de agosto).

También Pakistán, de modo que su infancia transcurrió en medio de los conflictos derivados por una de las particiones territoriales peor diseñadas de la historia, la educación británica de un colegio privado, un entorno musulmán liberal y los cuentos de Las mil y una noches y del Panchatantra (aparte de otros inventados) que Anis le leía por las noches.

En 1961, su padre le ofreció la posibilidad de cursar sus estudios en Inglaterra. Aceptó. Por esas calendas, Salman ya tenía claro cuál sería su profesión: escritor.* Seducido por la tierra de Agatha Christie y de otros tantos autores que marcaron su juventud, cambió la India por un internado en Rugby.

Allí, descubriría la ciencia ficción (Arthur C. Clarke, Kurt Vonnegut, Isaac Asimov, Philip K. Dick, Ray Bradbury, James Blish, Clifford D. Simak, Frederik Pohl, CM Kornbluth, Zeena Henderson…), además de que ser extranjero, inteligente y poco hábil en los deportes implicaba el rechazo inmediato de sus compañeros. Lo pasó bastante mal debido al clima, al racismo y la separación familiar, pero se integró, sacó buenas notas y no se metió en líos.

Su educación, a su pesar, continuó en Inglaterra, en la prestigiosa universidad de Cambridge, mientras India y Pakistán se declaraban la guerra (1965). Estudió historia, dentro de un ambiente social completamente opuesto al de Rugby y, en el último año de la carrera, se apuntó a una asignatura que resultaría crucial para entender lo que sucedería dos décadas más tarde: «Mahoma, el Surgimiento del Islam y del Primer Califato».

«¿Habéis pensado en Lat y Uzza, y en Manat, la tercera, la otra?».

Los versos satánicos, Salman Rushdie.

*Escribió su primer relato de niño tras ver la película de El mago de Oz.

Confusión y comprensión

Después de graduarse, su carrera literaria le llevó a la cola del paro. Como todo aspirante a novelista, comprobó que el conocimiento y la ilusión no sirven para nada si careces de talento. Por lo tanto, buscó un empleo más acorde a sus condiciones narrativas.

«Era un copywriter que, como todos los copywriters, soñaba con ser un escritor de verdad».

Salman Rushdie.

Durante los setenta, trabajó en varias agencias de publicidad (Ogilvy & Mather, entre otras), sin cejar en su empeño de publicar una novela. Escribió mucho, variando el género y puliendo el estilo, pero Las Musas le ignoraron.

En 1975, publicó Grimus, una novela de ciencia ficción posmodernista basada en El lenguaje de los pájaros, de Farid al Din Attar. A fe, no es un buen libro ni obtuvo la mejor de las críticas, si bien le proporcionaría una aceptable cantidad de dinero en adelantos editoriales y traducciones. Solo que, para una mente tan inquisitiva y escéptica, la ambigüedad de este modesto éxito supuso una dura revelación existencial.

En 1964, sus padres se habían mudado a Karachi (Pakistán), donde abrazaron el islam. Nunca le explicaron qué suscitó ese cambio radical —quizá, la revuelta de Jabalpur (1961)—, aunque siempre sospechó que se debió a algún chanchullo fallido de Anis en Bombay.

Esto había cortado el único vínculo que le unía a su lugar de procedencia, uno de los cuatro elementos que, junto con la comunidad, la cultura y la lengua, determinan la identidad. Del resto, únicamente conservaba el idioma, fino hilo mediante el que comprender su persona.

¿Era inglés? ¿Era indio? No; era un emigrante, alienado entre ese mundo que no era el suyo y aquel del que ya no formaba parte. Así pues, hasta que su confusión se definiera, Las Musas mirarían hacia otro lado. Él las imitó, y encontró la respuesta a su dilema en los ojos de Saraswati.

Premios y problemas

Con los ingresos recibidos por Grimus, Salman dejó el trabajo publicitario para reencontrarse con sus raíces en la India. No viajó solo; le acompañó Clarissa Luard, su novia a la sazón, con la que se casaría a la vuelta y tendría su primer hijo, a quien llamaron Zafar.

«Ahora, a su regreso, veía a través de ojos que han viajado mucho».

Hijos de la medianoche, Salman Rushdie.

Esta experiencia inspiraría su segunda novela: Hijos de la medianoche (1981), pilar de la literatura poscolonial que le consagraría definitivamente como escritor de prestigio. No en vano, le concedieron el Booker Prize y el James Tait Black Memorial Prize ese año, aparte del Booker of Bookers en 1993 y 2008.

Más allá del valor de los premios y el reconocimiento, la obra dotó a su autor de una voz literaria. O, lo que es lo mismo, una identidad narrativa propia que marcaría la senda estilística y temática de la bibliografía de Rushdie en el futuro, caracterizada por:

  • Enfoque averroísta contra posturas absolutistas.
  • Personajes que representan extremos polarizados, a los que empareja para explorar las zonas grises de esa dualidad.
  • Fragmentación de la realidad y de la estructura argumental.
  • Narrativa en realismo mágico —donde predominan los elementos mitológicos, culturales, sociales y las catábasis— combinada con sátira religiosa y política.
  • Fusión entre oriente y occidente.
  • Descripciones vívidas y exuberante vocabulario.

Asimismo, Hijos de la medianoche señala el inicio de su relación con la polémica. En 1984, Indira Gandhi denunció al autor debido a un rumor difamatorio que aparecía al final del capítulo 28. Este insinuaba que su hijo menor le acusaba de haber causado la muerte de su padre por negligencia. Salman eliminó la frase tras llegar a un acuerdo con sus abogados.

India y Pakistán

Si la novela anterior cuenta el nacimiento de la India como nación, su siguiente obra, Vergüenza (1983), repite planteamiento —sin perder un ápice de calidad— con Pakistán. De esta manera, refleja las dos caras de la partición del Raj británico, fiel a su visión holística narrativa.

Por supuesto, no faltó la polémica. El libro, entre otros asuntos, cuenta los conflictos entre los civiles y los militares paquistaníes durante la década de los setenta. Es decir, la historia de Zulfikar Ali Bhutto (padre de Benazir Bhutto) y su protegido, Muhammad Zia-ul-Haq, quien lo traicionaría para derrocarlo y ejecutarlo después. Huelga decir que Zia-ul-Haq vetó la lectura de esta obra en el país.

«Los politicastros y diplomáticos mandaban en la ciudad nueva, pero el Ejército dominaba la ciudad vieja».

Vergüenza, Salman Rushdie.

La obra ganó el Prix du Meileur Livre Étranger en Francia y quedó finalista del Booker Prize. Además, obtuvo una excelente acogida en Pakistán (a pesar de su prohibición), al igual que Hijos de la medianoche en la India.

Empero, el galardón literario más inesperado, y que nunca le entregaron, provino de Irán. Aparentemente, habían traducido Vergüenza al farsi sin el consentimiento ni conocimiento de Salman o su editorial. En otras palabras, era una publicación pirata autorizada por el estado. Quédate con este detalle, porque comprenderás su trascendencia en la segunda parte de este artículo.

Por lo demás, Luard y Rushdie se divorciaron en 1984. Al margen de otros problemas, la pareja quería tener más hijos, pero descubrieron que el escritor padecía traslocación cromosómica, lo que había provocado una serie de abortos consecutivos que habían desestabilizado al matrimonio.

A partir de aquí, Salman abordó el proyecto más ambicioso de su carrera literaria. Antes, eso sí, publicó La sonrisa del jaguar (1987), una no ficción acerca de la Nicaragua sandinista con mejor título que contenido.

Un inciso

La década de los 80 confirmó el ascenso de Salman Rushdie a la élite intelectual literaria. Ya se codeaba con los nombres grandes, le invitaban a dar charlas y conferencias por todo el mundo, participaba en discusiones académicas, escribía columnas de opinión en los periódicos, formó parte de un proyecto documental para Channel 4 en la India, tenía acceso a entornos selectos y hacía activismo político.

Esto era lo que se consideraba un influencer en el siglo XX. Para que veas cómo ha cambiado la cosa, LOL.

Obviamente, durante esa época no sufrieron el covid-19 ni la guerra ruso-ucraniana, aunque sí el SIDA y la Guerra Fría, amén del hambre (Biafra, Etiopía); el terrorismo (IRA, ETA, Sendero Luminoso, vuelo Air India 182, vuelo 103 de Pan Am); los conflictos en Oriente Medio (Irán-Irak, Líbano, Israel contra todos, la intifada, Jomeini), América (guerra civil en El Salvador, la Contra y los Sandinistas, la guerra de Las Malvinas) o África (Bombardeo de Libia, Namibia); el Apartheid; el inicio de la guerra en el Nagorno-Karabaj y el accidente nuclear en Chernóbil.

Si bien es muy posible que me haya olvidado de algún que otro suceso relevante (asesinatos políticos, recesión económica, caída de los precios del petróleo, por ejemplo), esta muestra te pondrá en el contexto adecuado para entender la tensión que se vivía en el mundo cuando Rushdie publicó Los versos satánicos (1988).

El verso y la controversia

Seguro que has oído hablar de este libro. Pero ¿sabes de qué va? Pues, mira; trata sobre la migración india, paquistaní y bangladesí a Reino Unido a mediados de los ochenta, lo que significa ser un inmigrante, el abuso racial, las consecuencias sociales, las reacciones de las diversas comunidades, las crisis de identidad que ponen en tela de juicio las creencias personales, el cambio, la transformación, la metamorfosis, el ascenso y la caída, ángeles malos con demonios buenos, las políticas de Margaret Thatcher…

Vale; demasiado largo. Mejor digamos que Los versos satánicos es un libro de voces y visiones. O una tragicomedia social en realismo mágico.

«“¿Abandonar un Mercedes-Benz?”, aulló Saaed con verdadero horror».

Los versos satánicos, Salman Rushdie.

Veo que sigues sin tenerlo claro. Por lo tanto, recurriré a la metáfora cinematográfica que inspiró a Salman para describir el punto de referencia de cara a comprender el contenido de este libro: el surgimiento del fundamentalismo.

Esta escena de Los pájaros (Hitchcock, 1963) simboliza el modo en el que una minoría musulmana militante se estaba haciendo con el poder en oriente mientras occidente cantaba despreocupado. Cuando se publicó Los versos satánicos, las alas negras de Jomeini ya habían hecho nido en Irán, pero sus crías sobrevolaban otras zonas.

En 1988, se produjo la masacre de Gilgit (Pakistán), una matanza de chiitas autorizada por Zia-ul-Haq (ver Vergüenza). El ataque, con el apoyo del ejército paquistaní, lo llevaron a cabo militantes suníes comandados por Osama bin Laden, quien había fundado Al-Qaeda ese mismo año.

Rushdie, haciendo honor a su apellido, se había enfrentado al extremismo con las armas de Averroes: la palabra, tanto la suya como la sagrada; algo que motivaría la emisión de una fetua fatua.

Empero, esto lo desarrollaré en la segunda parte de Salman Rushdie: cuando la pluma es más fuerte que la fatwa.

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