La trama literaria

Después del gato de Schrödinger y de la simbología celta, la trama literaria, sin duda, representa otra de las grandes paradojas de la historia. Porque todo es trama y, a la vez, nada lo es.

Con la sana intención de explicarte esta contradicción, he escrito un artículo donde conocerás el funcionamiento de la línea argumental y el valor de las subtramas o tramas paralelas, además de su relación con la estructura argumental.

Si lo que ahora leerás a tu mente encandila, pinta de rojo el corazón que palpita solitario bajo el titular, que no te cuesta nada agradecer esta ardua labor que realizo cada semana. Namasté.

Definición de la trama literaria

En esencia, la trama literaria corresponde a la línea argumental que sigues para contar una historia. O, si prefieres una definición más rimbombante, la secuenciación del relato mediante engarces causativos y consecuentes.

Igual te he provocado un nistagmo rotatorio con mis palabras, pero pronto el laurel de la verdad coronará tu enajenada cabeza y apaciguará tus ojos cual epifanía esclarecedora. Entretanto, me pongo de pie.

«No soy sino uno destos que, por hablar culto, hablo a escuras».

El criticón, Baltasar Gracián.

Vuelvo a la cadira. Supón que estás en tu hogar, con una taza de té (o de pútrido café) sobre la mesa y quieres ingerir el líquido que alberga. Tú eres A y la taza es B. Obviamente, solo satisfarás tu anhelo si logras poner ambos elementos en contacto. Por tanto, extiendes el brazo, coges la taza y la llevas a tus labios.

Bien, esto es una muestra de línea narrativa directa, donde una necesidad provoca una maniobra que altera el estado inicial de A y de B. Es decir, existe una causa (tu sed) que justifica la acción realizada.

Sin embargo, al levantar la taza, observas que hay una nota pegada debajo. La curiosidad te empuja a leerla y, así, descubres que alguien vendrá a tu casa hoy, a las 10:30, para matarte. Miras tu reloj; son las 10:00. Inmediatamente, tus pies ponen el polvo rosa y te largas.

En esta ocasión, la causa que ha motivado la acción anterior (tu sed) deriva en una consecuencia (el hallazgo de la nota) que, a su vez, es causa de una nueva consecuencia (tu salida precipitada), que será causa de algo que, luego, desembocará en otra consecuencia.

¡Felicidades! Ya sabes cómo funciona la línea argumental.

Uso de la trama literaria

Tampoco enloquezcas con el ejemplo anterior, ya que obtienes un resultado idéntico si empleas un acto irrelevante a modo de catalizador. Seguro que te suena la magdalena* de Proust, ¿no es cierto? Pues a eso me refiero.

En realidad, la trama literaria expone el camino que el autor ha escogido para que la historia discurra desde un inicio hasta un final, pasando por una serie de puntos específicos que le permitan alcanzar el objetivo esperado.

«Un aullido de pena que es un sí que es un gracias que es un hacia delante».

Grief is the thing with feathers, Max Porter.

De esta manera, el azar adquiere una forma determinada (sí, es un juego de palabras), cuyos elementos básicos son:

  • Situación de partida: el estado inicial donde surge la historia.
  • Detonante: la causa que da pie a la historia.
  • El devenir narrativo: el recorrido de la historia.
  • Término: el estado final donde acaba la historia.

A estas alturas de la lectura, raro sería que tu cerebro no bullera de dudas sobre el significado de la trama literaria. Por lo tanto, antes de continuar, abriré la sección de PMFs (preguntas más frecuentes).

*Originariamente, el alimento que desencadenaba los recuerdos del protagonista era una tostada con miel. Proust la sustituiría por una magdalena en el tercer borrador.

¿Es lo mismo la trama literaria que la estructura narrativa?

No. Empero, mantienen una relación simbiótica que, si no existiera, tampoco lo harían las historias.

Para comprenderlo mejor, piensa en el ajedrez. Por un lado, está el tablero, que ofrece un soporte (estructura argumental). Luego, las piezas (personajes) y el modo en el que se desarrolla el juego (la trama).

Cada partida, en consecuencia, engendrará una historia distinta, pero respetando las reglas. Extrapola esto a términos literarios y entenderás por qué las obras de un mismo género resultan tan parecidas entre sí.

Ahora bien, ese tablero también se usa para jugar a las damas, a las amazonas y al gounki, además de las variaciones locales o lo que se te cante.

Por lo tanto, con independencia del género que escribas, la estructura argumental sustentará y esculpirá la forma de cualquier trama, aunque no así su contenido, pues esa labor corresponde al talento e ingenio del autor.

«La jugada está ahí, pero necesitas verla».

Savielly Grigorievitch Tartakower.

¿Es lo mismo la trama literaria que el argumento?

No. La trama literaria alberga la historia completa de tu novela mientras que el argumento constituye su versión reducida e inconclusa. A menos, claro, que quien lo redacte cometa un error —últimamente, sucede demasiado— y revele el final.

¿Es lo mismo la trama literaria que el tema?

No. El tema representa el eje central de la novela, un leitmotiv universal e intangible que se corporeiza a través de la trama literaria.

Por ejemplo, el tema de MuArte es el concepto de realidad. Bajo este planteamiento, empleo el arte moderno y las emociones como temática visible de la historia, cuyo argumento versa sobre un hombre que triunfa en el mundo artístico sin poseer conocimiento pictórico ni talento alguno.

En cuanto a la trama… Diantre; mejor te compras el libro y lo descubres por tu cuenta.

«Yo soy las pulgas del infierno, la chisme, el enredo, la usura, la mohatra».

El diablo cojuelo, Luis Vélez de Guevara.

La subtrama

A efectos prácticos, la trama literaria marca la ruta que recorren los personajes de una historia. En concreto, la de quien ejerza el rol de protagonista, bien de forma directa o dirigido por la voz del narrador.

Normalmente, solo se utiliza una línea argumental para cuentos y relatos cortos —salvo cuando imbricas una historia dentro de otra—, mientras que, en una novela, resulta más frecuente que aparezca, al menos, otra línea argumental paralela, llamada «subtrama».

Si bien esta historia posee un valor incidental en la trama principal, sus funciones afectan de lleno al resultado final de la obra, porque:

  • Libera el peso narrativo del protagonista al abrir una línea argumental diferente.
  • Rompe la linealidad de la trama, principalmente mediante saltos temporales o el cambio de perspectiva narrativa.
  • Ofrece un recurso para resolver o crear nudos en la línea argumental, además de intervenir en su ritmo.
  • Apuntala y complementa la historia principal.

¿Quién protagoniza la subtrama literaria?

Desde el propio protagonista hasta el elenco completo de personajes. La subtrama no se muestra tan quisquillosa con quién la encabece, a diferencia de la trama, privilegio exclusivo del protagonista.

«Otra cara sin reflejo, y que tampoco había asimilado bien el rol de deuteragonista, era la de Marta, resignada a otear el firmamento social detrás de una celosía de poliuretano».

MuArte, Jose Flores.

Cuando el protagonista carga con el peso narrativo completo de la novela, la subtrama se emplea para hablar de su pasado e introducir una catábasis, analepsis o elipsis en medio de la trama. Por ejemplo: El cementerio de Praga, de Umberto Eco.

En cambio, si hay dos (o más) protagonistas compartiendo esta función, la subtrama asciende a trama paralela, como sucede en Sweet Darusya: A Tale of Two Villages, de Maria Matios.

De todas maneras, lo usual es que algún personaje secundario desarrolle la subtrama, pues así reservas al protagonista para los momentos importantes al mismo tiempo que cubres los agujeros que observes en trama.

Empero, también puedes construir una trama a través de la acumulación de subtramas. Esta es la característica fundamental de una novela coral, como Mambo, mafia y cha cha chá, obra de este humilde escribano.

Los elementos que no afectan a la trama

Corría mayo del año 2021 cuando dije esto en otro artículo: «No todo lo que escribas acabará en el libro».

Reconozco que me he tomado mi tiempo para explicarte el motivo, pero comidas las uvas y maduradas las nuevas, ha llegado la hora de que cepas (lo sé, un chiste muy malo) quién es la culpable de esta máxima. En efecto, la trama literaria.

En primer lugar, todo aquello que tenía sentido en tu mente lo perderá en cuanto lo redactes. Bueno, todo no, sino algunas cosas. Así que, si te empeñas en meterlo a capón, la línea narrativa saturará a la argumental.

Esto se debe a que has incorporado elementos que no afectan al desarrollo de la trama. Por lo tanto, elimínalos. La historia fluirá mejor y le darás un respiro a quien te lea.

«No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante».

La colmena, Camilo José Cela.

Empero, una novela no solo se compone de trama. También hay descripciones, reflexiones, diálogos, momentos cómicos y subtramas que, aunque la línea argumental no las necesite, entretienen, sumergen y, lo más importante, transmiten emociones.

Es decir, si la acción transcurre en un barco, maréame con el embate de las olas, sofócame con la humedad de la bodega, acaricia mi piel con brisa y con sal, humíllame ante la inmensidad cerúlea del océano, ciégame con el reflejo del sol, llena mi pecho de orgullo cuando el viento hinche las velas, déjame oír el crujido de la madera y del cordaje, el suspiro de la estela, el graznido de la gaviota…

Ya ves, no he dicho nada relevante y, aun así, tu mente te ha transportado al lugar donde se produce la acción. En otras palabras, el trabajo de un escritor.

La simplificación narrativa

Lo cierto es que los elementos que he citado (hay más, pero me quedaba sin espacio) sí que forman parte de la trama. Tal vez no de un modo directo, pues la línea argumental puede prescindir de ellos, pero aportan cuerpo.

El problema es que una novela minimalista y una compleja entienden la trama desde dos perspectivas distintas: como un prodigio de la arquitectura (Seda, Alessandro Baricco) o como un lugar fantástico para que crezca una parra (La encantadora de Florencia, Salman Rushdie).

Quienes siguen la última tendencia, sacan la tijera para establecer un equilibrio entre la línea argumental y la exuberancia prosaica (parte allegada a la trama). Obviamente, su criterio de poda es asaz variable.

En cambio, los seguidores de la primera prefieren la segadora, te dirán que sobra todo y que reduzcas los elementos decorativos (ajenos a la trama) a la mínima expresión en caso de que se tornen imprescindibles. De lo contrario, tu obra no seguirá el estilo de la novela actual, cuya opinión me reservo de compartir en público.

«El ruido era horrible. Y, entonces, las cosas se calmaron tanto que Sergeyich salió a la calle Lenin y casi se quedó sordo por el silencio».

Grey Bees, Andrei Kurkov.
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